martes, 1 de septiembre de 2009

Óvulos

Yo no ovulo, soy mucho más tosco. Yo los fabrico y luego desparramo como un manantial. Yo no preparo un lecho acogedor tapizado de seda, no planeo con semanas de antelación la forma y el lugar propicios... Yo me caliento y ardo como una tea, y me disparo como un cohete. Si encuentro planeta en la trayectoria, quizás lo colonice... si no, el cosmos dará cuenta de mi esencia. Mi fluido es lácteo, constelación de plasma moteada de estrellas. Un ejército efímero que cristaliza y muere.
Ella es la esfera que acoge y espera. Yo soy el dardo, ella es la diana. Ella es la casa; soy el invitado. Ella es un sol, milenios de energía. Ella es un pulso, es ritmo de galaxia; calor, óvulo, madre... donde se llega con las fuerzas justas, donde se muere de amor; donde se nace.


Se derramó ... Moka.




Ya han transcurrido tres días y no me ha llamado.
No llamará, lo sé.
Lo sé y no me importa. No soy como un óvulo, flotando cómodo en la cueva cálida a la espera del mejor, del más veloz, del más apto.
No.

Soy más bien como un lóbulo. Esas carnecitas que se vuelven apetecibles, cercanas a los oídos. Sensibles a los lengüetazos y a las palabras bellamente pronunciadas.
Protegiendo a los oídos de los insultos a la inteligencia y al corazón.

Soy un lóbulo, sí.
Tan suave al tacto y tan dulce al gusto como un pétalo de jazmín que se ha caído de mis manos torpes.


Se exprimió... Limón.

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